Es muy común ver en las redes sociales a miles de francotiradores que disparan sus dardos venenosos contra cualquier persona involucrada en un hecho que ha sido captado en un video y puesto a circular en crudo, o, en ocasiones, editado con fines aviesos.

Y las reacciones son más iracundas si la víctima o el personaje que protagoniza el incidente es una mujer, porque siempre emerge la cultura machista, que en muchos casos convierten a la afectada en doble víctima, porque además la fusilan moralmente. El ciberespacio está lleno de esos ejemplos.

Hay casos que inmediatamente llaman la atención de los cibernautas, que sin profundizar ni investigar las causas de un conflicto o de la conducta de una persona, arremeten con análisis psicológicos sin ser profesionales de la conducta o tener mínimos conocimientos sobre la materia, por lo que caen en la especulación. 

Se está creando una tendencia que a quien se atreva a denunciar entramados o asociaciones ilícitas de malhechores con ciertos resortes de poder, ahora se le tilda  como una persona demente y eso es peligroso porque nunca se profundizarán las investigaciones para cortar de raíz la corrupción y eliminar la impunidad.