Las ONG presionan para que parturientas haitianas entren a RD

En la zona operan cuatro organi­zaciones no gubernamen­tales (ONG), dos con sede en Haití, una dominicana y otra de Canadá, que no permiten que devuelvan a las haitianas embarazadas cuando entran al país a dar a luz

Por Ricardo Santana

Santo Domingo, Josephine Lespinase, una embarazada haitiana, fue detenida por soldados apostados en la frontera dominicana tras ingresar a territorio dominicano para dar a luz en la maternidad José Francisco Peña Gó­mez, de Mao.

Su caso no es aislado, porque es una realidad que ocurre a diario en la zona fronteriza, donde haitianas en estado de ges­tación avanzan para tratar de burlar la vigilancia mili­tar y cruzar a territorio do­minicano, a fin de parir en hospitales de la zona fron­teriza, en el Noroeste, San­tiago y en la capital.

“Me vi al borde de la muerte, no tenía dine­ro para pagar el parto en el hospital de Frort Liber­té, me llevaron a una par­tera en Trou Du Nord, me vi bajita y ahora crucé a este país, porque aquí no nos cobran nada, enfati­zó la parturienta haitiana Georyinat Ondiné Oguí.

La feminista haitiana Colette Joseph Pierre di­jo que las autoridades do­minicanas tienen que ser comprensibles con sus compatriotas que ingresan de manera ilegal a este te­rritorio para dar a luz en hospitales dominicanos.

Joseph Pierre también llamó a las autoridades de su país para que flexibilicen el costo de los partos en los hospitales de Haití, porque la mayoría de parturientas son pobres y no tienen dis­ponibilidades económicas para el pago que se les exi­ge.

“Entonces como en Re­pública Dominicana no les cobran nada, es lógico que buscan todos los medios pa­ra parir en los hospitales do­minicanos, por eso es que digo que hay que ser com­prensibles, ellas no son cul­pables de nada”, enfatizó.

El tráfico de niños haitia­nos y de embarazadas del vecino país hacia territorio dominicano no deja de ser una preocupación latente de las autoridades y otros sectores.

El comandante del Ejér­cito, mayor general Julio Ernesto Florián Pérez, en­trevistado por Listín Diario mientras recorría la fronte­ra Norte de Dajabón el pa­sado fin de semana, dijo que los militares están aten­tos en la frontera para con­trolar esa situación.

“Las instrucciones que te­nemos del señor presidente Luis Abinader, a través del ministro de Defensa, Lucia­no Díaz Morfa, es que este­mos atentos en la frontera, tenemos sellados todos los puntos que pueden ser vul­nerados por gente inescru­pulosa que se dedican a ese tipo de ilícito”, declaró.

Comentó que se les instru­yó para hacer un protocolo de instrucción para que los militares manejen ese ti­po de eventos y que tienen planes bien definidos para combatir la situación.

Se quieren quedar

Otra fuente castrense expli­có al Listín Diario que en la zona operan cuatro organi­zaciones no gubernamen­tales (ONG), dos con sede en Haití, una dominicana y otra de Canadá, que no permiten que devuelvan a las haitianas embarazadas cuando entran al país a dar a luz en centros asistencia­les públicos del país.

Precisó que el Ejército y el Cuerpo Especializado en Seguridad Fronteriza Te­rrestre (Cesfront), estable­cieron una estricta vigilan­cia en los hospitales de la frontera y otros pueblos del Noroeste, pero que esas or­ganizaciones escandaliza­ron el asunto, denunciando que estaban impidiendo los partos de haitianas.

SITUACIÓN

Niños.

En cuanto a los niños, también los militares alegan que muchos entran acompañados de sus padres y cuan­do apresan a los adul­tos nunca aparecen los responsables y por eso hay que enviarlos al Consejo Nacional de la Niñez y la Ado­lescencia (Conani) y otras instituciones de albergue.

Saturado.

Un inconveniente es que en Conani también hay quejas, porque no hay espacio ni siquiera pa­ra niños, niñas y adoles­centes dominicanos, con la agravante de que los haitianos no asimilan la educación que les ofre­cen los profesores, por­que no hablan español.

Crisis.

Haití padece una crisis porque la oposición ale­ga que el mandato del presidente haitiano Jo­venel Moise ya conclu­yó.

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