Los detalles de la operación Medusa provocan alarmas de grandes magnitudes. El escándalo es enorme, tanto que el titular de la Procuraduría Especializada de Persecución de la Corrupción Administrativa (Pepca), Wilson Camacho, calificó la acusación como una “sin precedentes” en República Dominicana y la región (esto quizás es un poco exagerado, porque por esta zona las ha habido grandes).

El fiscal sostuvo que la acusación que encabeza el exprocurador Jean Alain Rodríguez prueba sobornos por la obscena suma de 1,000 millones de pesos, contiene  12,500 páginas, con más de 3,500 pruebas y más de cuatrocientos testigos.  Hay 41 personas acusadas y 22 empresas sometidas, por lo que es la acusación más grande del Ministerio Público a la fecha.

El simple hecho de que ese entramado corrupto sea encabezado por el exprocurador Jean Alain Rodríguez y que esté metido el hijo de un ministro lo hacen de por sí escandaloso. Cuando se suman las piezas que la Pepca asegura tener y se añade lo que dijo la Cámara deCuentas, uno se queda boquiabierto. Si lo que el Ministerio Público dice se prueba, quedará claro que en este país lo que ocurrió a nivel de desfalco de fondos públicos no tiene nombre, es para indignarse mayúsculamente.

Ahora, tengo una duda que me parece legítima. Por lo que he leído, la Pepca tiene evidencia para probar el esquema corrupto, pero no tengo claro si han podido probar dónde está el dinero. Como dicen los americanos, si quieres meter preso a un corrupto, “follow de money” (sigue el dinero), y no estoy claramente convencido de que esa evidencia, muy compleja de rastrear, esté físicamente disponible, más allá de los testimonios.

Rastrear dinero en efectivo es uno de los problemas más complejos en un caso de corrupción, pues no sólo basta con que alguien diga que dio dinero, sino que tiene que mostrar cómo lo hizo y de dónde lo sacó. Sospecho que por ahí se pegará la defensa de los acusados, a menos que la Pepca tenga todo cuadrado y se muestre que están blindados, como han dicho.