Soraya Suárez, diputada del PRM se resignaba a convertirse en un meme. (Ya se sabe que ahora casi todo lo es.) Pero pocas veces una declaración de un legislador ha sonado tan sensata:  “Llamar a la población a que aprenda a apagar bombillos.”

Ni el precio de la energía es un chiste ni la inflación es una broma. Es verdad que hay que apagar bombillos. Y racionar el agua. Y planificar las salidas para no perder medio depósito en un tapón a ninguna parte. 

Una de las paradojas de nuestra sociedad es que se despilfarra como si sobrara: fugas de agua y llaves abiertas. Farolas encendidas a plena luz del día. Cables eléctricos sobrantes que se enrollan en cada poste. Motores encendidos con el bello durmiente al volante. 

La diputada Suárez habla con sensatez  y ella misma sabe que le van a  tomar a broma, quizá porque lo que dice es irrefutable. Por el contrario y totalmente en serio, los periodistas tomamos declaraciones que son obviedades, bravuconadas, medias verdades para despistar… y el que habla y el que escucha fingen creer, muy solemnes, que lo que se habla será trascendente.

La crisis de los precios de la energía no es un problema local. El desmonte de los subsidios estaba previsto para ser aplicado hace meses. La guerra de Ucrania ha puesto el gas por las nubes (o escaso), la inflación es un problema a mediano plazo y en el mundo entero.

Claro, con apagones… ¿quién se atreve a recomendar que apaguen los bombillos? Pues una diputada sensata que sabe que sus palabras son buenas para un meme…