Arropados por el temor ante el auge que ha tenido la delincuencia, residentes de Villas Agrícolas y La Zurza aseguran que las calles en sus zonas se han convertido en “una pesadilla” a la hora de transitarlas.

La inseguridad se ha apoderado en estos sectores y, de acuerdo con los comunitarios, el tema de armas ilegales es algo de nunca acabar. Precisan que la Policía Nacional “vive en un cuento de hadas” con “pretensiones absurdas” de acabarla.

“Tu encuentras armas como nada aquí y hasta de forma descarada la venden, aquí los tigres están con mejores armas que los mismos policías y ellos lo saben, qué es lo grande”, comentó Manuel María Rosado, residente del sector Villas Agrícolas.

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En este barrio del norte de la capital han tenido que pagar personas inocentes cuando líderes de bandillas se enfrentan a tiros sin medir las consecuencias de sus actos.

Tal es el caso de la señora Ana Alberta Jiménez, de 51 años, quien salió el sábado, aproximadamente a las 9:00 de la noche, en busca de un medicamento a una farmacia del sector Villas Agrícolas. Contó que en ese momento solo escuchó los disparos alcanzándole uno en su pierna derecha y otro rozando la izquierda.

«Aquí hay una delincuencia grande que la Policía tiene que hacer algo, los tigres están más armados que los mismos policías, aquí hay demasiadas armas, usted no puede pararse ahí a ninguna hora porque a cualquier hora ellos están armados como que son militares», comentó la señora Jiménez, quien se encuentra en recuperación en su casa. 

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La señora Ana Alberta Jiménez guarda reposo en su casa luego de recibir un disparo en el pies derecho. (DIARIO LIBRE/ FRANCISCO ARIAS)

Producto de estas balaceras dos menores de edad se han visto afectados. Según explican los residentes de la calle Félix Evaristo Mejía del sector, no es la primera vez que niños han sido víctimas de disparos y las autoridades se quedan de brazos cruzados.

«Esto aquí da miedo, uno no se va de aquí porque la mayoría tenemos estos ranchitos y son de uno, para dónde vamos a coger. Yo tengo que decirle al hijo mío que entre ya temprano en la tarde, pero ni eso vale ya, van como cinco niños que han pagado los platos rotos de otros» Braulio Flores Residente del sector Villas Agrícolas

El señor Richard Ricardo Báez precisa que los delincuentes de esta zona son quienes manejan el sector a su antojo, por lo que dice estar cansado de vivir con temor de que pase algo. 

La policía en el sector

Para algunos residentes de Villas Agrícolas los agentes policiales «negocian» con los delincuentes de esta zona.

“Aquí vienen ellos, pasan por donde saben que están los delincuentes, los delincuentes les mojan la mano con dos o tres pesos y ya todo se queda ahí”, afirmó el señor P. S., quien lleva más de 50 años viviendo en el sector.

Llaman al director de la Policía Nacional, Eduardo Alberto Then, a que haga un cambio de mando en el destacamento policial de esta zona, ya que aseguran, los que están “solo funcionan para los delincuentes”.  

La Zurza

Similar situación pasa en La Zurza, también al norta de la capital, ya que, aunque consideran que es algo que siempre ha existido en el lugar, se ha vuelto “insoportable” por la cantidad de jóvenes “metidos en marihuana, atracadera, niños que no pasan de 18 años”.

“Aquí el tema de la delincuencia no se acaba, esto aquí está lleno, lo que pasa que vive en un sube y baja. Ahora se ve mucho más fuerte porque los menores no tienen bandera, ellos están haciendo de todo aquí”, indicó un residente del sector.

Reconoce que los agentes policiales de esta zona se mantienen vigilantes, aunque dice que no dan abasto por la cantidad de actos delictivos que ocurren en el lugar.

Para los comunitarios de La Zurza los delincuentes tienen muchas vías de escapar por la cantidad de callejones que hay.

Uno de los vecinos de la zona comentó que en este lugar “los policías hasta miedo tienen aquí de entrar». Hay «demasiados callejones, hay lugares que la policía no tiene acceso y ahí hay puntos de drogas, delincuentes, prostitución, mucha maldad”.

En silencio

Tras un recorrido realizado por Diario Libre se observó cómo algunas personas mantenían un silencio y se limitaban a hablar sobre la situación del sector en el que residen.

Muchos preferían no abordar este problema, ya que entienden que con hablar no se solucionarán la situación, mientras que otros preferían callar por temor a represalias de los delincuentes.

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