El caso Medusa ha levantado en esta etapa del proceso tanto revuelo como causó el caso Odebrecht, el Sun Land o los Tucanos en su momento. Pero como se ha dicho tantas veces,  en la lucha contra la corrupción lo importante es cómo terminan las cosas y no tanto cómo comienzan. 

Poco a poco, en esta etapa del ministerio público el mensaje de su independencia va marcando una huella. El Poder Ejecutivo ha respetado estos límites; ahora toca a los fiscales armar el caso con suficiente estructura y a los jueces impartir justicia. 

Odebrecht ha sido un precedente que crea cierto desánimo en la opinión pública. A pesar de todas las confesiones, a pesar de que la firma brasileña reconoció los sobornos y pagó una indemnización por ellos… no se ha podido resolver en los tribunales como estos precedentes obligan a pensar que se resolverían.

Medusa abre el camino a todos los casos que investigan los enredos de los anteriores gobiernos. Un final como el de Odebrecht no ayudará a nadie, mucho menos a la lucha contra la corrupción. Mientras, hay que recordar que nadie es culpable hasta que se demuestre.