De vez en cuando, algo inesperado sucede en el deporte. Del protagonista depende que su impacto sea flor de un día o sirva para consolidarle entre la elite. Contaba Jeremy Lin, la nueva estrella de la NBA, que siempre le confunden con un entrenador cuando intenta acceder al Madison Square Garden para disputar un partido con su equipo, los New York Knicks. Más bien le confundían, porque seguramente no hay ahora mismo ningún aficionado al baloncesto estadounidense que no conozca a este base de origen taiwanés.
Su carrera ha dado un salto kilométrico en poco más de una semana. Su historia de película es digna de una megaproducción de Hollywood y el joven de 23 años, lejos de verse superado por la presión, sigue cada noche agrandando su leyenda. La última víctima de Lin ha sido José Manuel Calderón y sus Toronto Raptors (90-87).
Pese al regreso de Amar’e Stoudemire, fue Jeremy quien asumió la responsabilidad asignada a las grandes estrellas y resolvió el partido a favor de su equipo en los últimos segundos con seis puntos determinantes, incluido un triple a falta de 4 segundos. Y eso que el tiro de larga distancia no es su especialidad como demuestra el 26,3% de efectividad que ha conseguido en sus seis partidos como titular.
Jeremy Lin es la auténtica bestia negra de los jugadores españoles. Antes que los Raptors cayeron los Lakers de Pau Gasol y los Wolves de Ricky Rubio. Con sus seis victorias consecutivas, los Knicks han dado un vuelco a su clasificación e incluso han logrado situarse ya en zona de play-off, como octavos del Este, con 14 victorias y 15 derrotas.
La semana pasada, la mañana siguiente a su primera exhibición (25 puntos, 7 asistencias, cuatro rebotes y dos robos ante los Nets), el base de Palo Alto (California) se despertó en el sofá del apartamento de su hermano en Manhattan, donde ha estado viviendo por temor a que finalizara su contrato no garantizado. Ahora, es un jugador que levanta pasiones incluso en China, un país necesitado de una nueva estrella tras la retirada de Yao Ming y el ‘bajón’ de Yi Jianlian.
Sus padres emigraron en los años 70 a Estados Unidos desde Taiwán, isla que aunque está desligada políticamente de China, está en la órbita cultural del país y de hecho es reclamada por Pekín desde que se separó unilateralmente en 1949. Por eso la agencia de noticias china ha llegado a describirlo como un “héroe civil que ha vivido un cuento de hadas en la NBA”, mientras que el Diario del Pueblo asegura que Lin “ha demostrado una vez más que los asiáticos pueden ser buenos jugadores en la liga de baloncesto estadounidense”.
Pero su salto al estrellato también le ha reportado alguna crítica como, por ejemplo, la del polémico boxeador Floyd Mayweather Jr. El púgil considera que este “fenómeno” recibe tanta atención no por su juego sino por ser asiático. “Jeremy Lin es un buen jugador, pero todo el enorme interés que se ha generado en torno a su rendimiento en el campo está motivado por su origen. Los jugadores negros hacen todo eso y mucho más cada noche y no reciben el mismo tipo de alabanza”, escribió Mayweather en Twitter.
Polémicas aparte, lo que nadie puede discutir es que el rendimiento de Jeremy Lin sobre el parqué ha sido la mayor sorpresa que se recuerda en mucho tiempo. Los 109 puntos que consiguió en sus cuatro primeros partidos como titular (que le valieron para ser nombrado Jugador de la Semana en la Conferencia Este) era algo que nunca se había lograba desde que en 1976 se unieron la NBA y la ABA. de la NBA. Quienes más se le acercan son Allen Iverson, Shaquille O’Neal y Michael Jordan Ahora que ya suma seis encuentros jugando desde el inicio, sus estadísticas siguen siendo estratosféricas con unos promedios de 26.8 puntos, 8.5 asistencias, cuatro rebotes y dos robos. Lin ha cautivado a los aficionados por su creatividad y tenacidad y a sus compañeros por su juego desinteresado. Un jugador de gran talento que ha sido sistemáticamente descartado quizás por sus facciones orientales.
En el mundo del ‘scouting’, los ojeadores acostumbran a buscar jugadores con grandes perspectivas. Lin, en cambio, no cumplía los cánones habituales. Con su tamaño, fuerza, agilidad y también el color de su piel raramente se triunfa en la mejor liga del mundo. Jeremy Lin es solo el tercer jugador de origen asiático que llega a la NBA. Pero su perseverancia ha tenido al fin premio.
Mejoró en cada temporada en la Universidad de Harvard. Fue incluido en el segundo mejor quinteto de la Ivy League (la competición de los ‘college’ de mayor prestigio académico) en su segunda temporada en el equipo. En su último año, además, fue uno de los finalistas al premio Bob Cousy al Jugador del Año y llevó a Harvard a un récord de 21 victorias, convirtiéndose en el primer jugador de la historia de la Ivy League en sumar al menos 1.450 puntos, 450 rebotes, 400 asistencias y 200 robos.
Con números excelentes, la NBA no le dio una oportunidad hasta que a Mike D’Antoni, técnico de los Knicks, no le quedó más remedio. Diez días después, la vida de Jeremy Lin y de la franquicia de Nueva York han cambiado para siempre.